jueves, 27 de enero de 2011

El Hidalgo, El Verdadero Quijote en Venezuela...

Gaspar de Silva, dice en un lenguaje que tiene mucho del tiempo de don Miguel “que sabe este testigo y vido cómo el dicho capitán, como tal y siendo, como era, tan gran señor, le embistió al enemigo inglés a caballo, con su lanza y adarga, y andando gran rato escaramuzando entre ellos como tan valiente soldado y servidor de Su Majestad, le dieron un balazo que lo mataron, y cayó muerto de su caballo…” (Pardo, Isaac J., Op. Cit., p. 197). Hay en la escena demasiado de arremeter contra molinos de viento o contra una tropa de ovejas como para no pensar en claras similitudes. Lo cierto es que los ingleses, admirados por el valor del veterano héroe, premiaron su hazaña colocando el cadáver sobre su escudo y rindiéndole toda clase de honores, a pesar de las circunstancias en que se hallaban en el lugar. ¿Podría haber algo más parecido a lo que pocos años después publicó Cervantes? Además, a don Miguel bien podría haberle llamado la atención el nombre del héroe muerto, pues no debía serle en absoluto desconocido: Como todos los poetas de su tiempo, don Miguel tenía que estar enterado de la existencia del poeta segoviano Alonso de Ledesma (1562-1623) iniciador del conceptismo en España. Como puede verse, hay demasiadas coincidencias que avalan esta hipótesis y la hacen definitivamente plausible.
La hipótesis del origen caraqueño de Don Quijote se hace más atractiva cuando se cae en cuenta de que quienes viajaron a Venezuela no fueron los nobles, sino delincuentes que pagaban penas o desesperados capaces de cualquier cosa, o los descendientes de antiguos caballeros e hidalgos venidos a menos, como el propio don Quijote de la Mancha (a quien, además, Cervantes llamó don Alonso, que es el mismo nombre de pila de Ledesma), con su escudilla vacía y sus sueños partidos, que en muy poco o nada se diferenciaba de todos, o de casi todos los que fundaron ciudades y recorrieron llanos y montañas en esta Tierra de Gracia. Recuérdese, además, que siempre existió una doble comunicación, de ida y vuelta, entre la España de Cervantes y la América de Ledesma: 
En América, por ejemplo, no lejos de Caracas, se le cambió el nombre a un sitio para llamarlo La Victoria, en honor a la victoria obtenida entre otros por don Miguel en la batalla de Lepanto. De manera que es mucho más que posible que la idea, el personaje de Don Quijote, le haya llegado a Cervantes desde Santiago de León de Caracas. En consecuencia, deberíamos empezar a decir que la brevísima gesta de Ledesma no es cervantina, sino la larguísima del Quijote fue ledesmina.
Cervantes o no Cervantes, Quijote o no Quijote, Ledesma o no Ledesma, poco provecho sacaron los filibusteros de aquella aventura, pues los habitantes y sus autoridades, con la excepción del héroe y mártir don Alonso Andrea de Ledesma, el propio Gaspar de Silva que contaría después lo acontecido, Diego de los Ríos, Cristóbal Mejía de Ávila y otros pocos enfermos o ancianos que no podían huir, apelaron a un recurso que se probó eficiente doscientos y tantos años después, cuando el caraqueño Francisco de Miranda quiso invadir el país a comienzos del Siglo XIX: La huida discreta y simple, con todo aquello que pudiera llevarse al escondite, que en ese caso era en la bella montaña que sirve de muro a Caracas en el norte. De manera que no había oro ni piedras preciosas ni casi nada de valor en la villa. El 3 de junio Preston y sus secuaces, dignos hijos de la Gran Bretaña, como vimos, al fracasar las negociaciones de “rescate", optaron por retirarse, luego de destruir y quemar la pequeña ciudad, cuyos daños, al decir de los cronistas, fueron exagerados por los invasores, quién sabe con qué propósitos.
Después, no sólo por maldad sino en preparación de futuros asaltos y quién sabe si con la mira puesta en una ocupación permanente de esas tierras tan bien ubicadas desde el punto de vista estratégico, quemaron lo que pudieron en La Guaira y destruyeron cuatro barcos en Chichiriviche, camino a Coro y no lejos de la isla de Curazao, antes de irse a regar el terror por otras aguas.
Por cierto que mientras los santiaguinos (de Caracas) huían al monte y Alonso Andrea de Ledesma cumplía su gesta solitaria, la ciudad estaba absolutamente desprotegida: El gobernador, Diego de Osorio había salido poco más de un año antes (el 16 de junio de 1594) a visitar con evidente calma y deleite todas las ciudades de la provincia para organizar el gobierno “conforme al plan establecido” (Sucre, Luis Alberto, Op. Cit., p. 86); el teniente de gobernador, Juan de Ribero, no se encontraba por todo eso; el primer alcalde, Garcí González de Silva, de viaje por la costa, y el segundo, Francisco Rebolledo, en cama con calenturas. La ciudad no tenía armas ni pólvora, y nadie supo qué hacer. La tradición de nuestros gobiernos, como se ve, tiene solera.                        Eduardo Casanova
 Tomado de El Paraíso Burlado, El Paraíso Partido, Los primeros pasos del Quijote.

1 comentario:

  1. Es increíble como la historia puede parecer tan divertida y agradable.. Yo no lo llamaría escritor, si no, trovador o poeta.. El texto es emocionante, cautivador.. Me encanto el texto y todas sus piezas!

    El Quijote, mi ídolo literario es Venezolano, me da gusto :)

    Sueño con una pelicula jejeje

    Anais Campos

    ResponderEliminar