jueves, 27 de enero de 2011

...De mesa contigua provenía el insulto, apenas separada por la de los hermanos Andrea.
El llamado Diego saltó de su taburete desenvainando su espada, mientras el ofensor se incorporaba haciendo otro tanto. Este último dejó varios compañeros que bebían sentados, y mientras pasaba junto a nuestros muchachos, Alonso entremetió su pie derecho entre los del agraviante, quien maldijo mientras caía estrepitosamente sobre el rústico suelo adoquinado.
García de Paredes, pisando la espada caída de su contrincante, colocó la punta de la suya bajo la oreja del fanfarrón, mientras Pedro de Mateos interponía su fuerte figura, espada en mano, entre los compañeros del insolente y los suyos propios.
Nadie más se movió…parecía que el tiempo se había congelado...

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